LOS PRINCIPIOS TEÓRICOS DEL LIBERALISMO POLÍTICO

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El liberalismo es un movimiento de amplia proyección (económica, política y filosófica) que defendía como idea esencial el desarrollo de la libertad personal individual como forma de conseguir el progreso de la sociedad. Una parte de sus ideólogos propugnaron la aplicación de esos principios de forma gradual, en tanto que otros más  radicales utilizaron la vía revolucionaria para impulsarlos. En cualquier caso la clase social que dio aliento al liberalismo fue la burguesía. El liberalismo se desarrolló paralelamente a otro gran fenómeno del último tercio del siglo XVII y durante todo el siglo XIX: la Revolución Industrial.

Libertad.

Es para los burgueses un derecho fundamental, de hecho la palabra libertad es la que origina el término liberalismo. Esta libertad ha de entenderse en todos sus aspectos, libertad individual, libertad económica...; si el bien supremo y el objetivo del hombre es la felicidad, esta no se puede conseguir sin libertad, en esto vemos la huella de los ilustrados del XVIII. La libertad ha de entenderse en un contexto individual, es decir, que el individuo es libre para elegir opciones: religión, partidos políticos; es libre para expresarse y para actuar en su beneficio o para su defensa y según su razón. Esa libertad no puede ser coartada por el Estado.

Pero la libertad puede tener un límite, la autoridad del poder político, esta autoridad es básica para mantener el orden y la seguridad y garantizar la libertad, pero si es muy fuerte coarta la autonomía e independencia del individuo. La autoridad del poder debe depender de las voluntades individuales, es decir, de la elección que de los gobernantes hacen los individuos.


Igualdad.

Para que el hombre pueda ser feliz debe ser libre, y para que sea libre no debe estar sometido a otros hombres, la idea de igualdad aparece acompañada de la idea de libertad, es su complemento. La idea de igualdad entre los hombres aparece en Locke y en Rousseau, y ya vimos cómo se convirtió en una de las ideas más importantes de la Revolución Francesa. La igualdad debe entenderse como igualdad de oportunidades de todos los hombres, cada uno desarrolla su autonomía y sus cualidades en igualdad de condiciones, desde el punto de vista jurídico esto se traduce en una igualdad ante la ley, con independencia del poder económico del individuo.

Pero la idea de igualdad tiene un límite, la igualdad no presupone una igualdad social, y por tanto económica, ideas demasiado radicales y que no interesan a la burguesía propietaria, para los burgueses la igualdad social conllevaría un atentado contra la libertad.

Propiedad.

Es otro de los principios sagrados de la burguesía. La propiedad es básica para el desarrollo de la libertad y la consecución de la felicidad. El liberalismo no sólo justifica la apropiación de bienes necesarios para el consumo sino también la acumulación de bienes. Es considerado un derecho natural y consustancial con el ser humano y la manera más eficaz para lograr la felicidad.

Este lazo existencial entre propiedad y felicidad es importante porque aquélla se convierte en el motor  de  la economía, se transforma en el agente de la producción; el uso del capital asegura el aumento de los bienes necesarios para la conservación y la felicidad. Justificar la acumulación a través de la felicidad es librar al incremento  económico de todo control ético.

Para la obtención del derecho al voto es la propiedad el criterio selectivo, no es posible que gentes sin propiedades lleguen al poder ya que no se garantiza que respeten el derecho de propiedad.

Seguridad.

Es un derecho considerado secundario pero que, sin embargo, sirve para garantizar los otros tres principios ya indicados y sobre todo el de propiedad. La seguridad debe ser garantizada por el Estado, institución superior reconocida por todos los individuos. Con el principio de seguridad se produce una contradicción, por una parte es necesario para garantizar los otros principios (sobre todo el de propiedad) pero por otro puede suponer una merma de la libertad si la autoridad es excesivamente fuerte.

 Separación de poderes.

Los tres poderes de un Estado no deben estar en manos de la misma persona o de personas del mismo partido, con esto se garantiza la independencia de cada uno de los tres poderes (ejecutivo, legislativo y judicial) y la no existencia de un poder autoritario (dictadura).

 Constitución y monarquía parlamentaria.

Una Constitución es un conjunto de leyes que rige la vida de un país, estas leyes deben estar basadas en los principios de separación de poderes y gobierno representativo (aunque sólo sea de la burguesía). Una Constitución garantiza que el poder legislativo es un parlamento elegido por la nación (burguesía) o por todo el pueblo (idea más tardía).

Una Constitución con estos principios puede funcionar bajo dos regímenes políticos distintos, bajo una monarquía parlamentaria en la que el poder del rey se reduce al mínimo, lo normal es que sólo se encargue de nombrar a los ministros (poder ejecutivo); o bajo una República, en cuyo caso no existe rey y el poder ejecutivo se reserva para un presidente.

 Soberanía nacional y soberanía popular.

Es otro de los principios básicos. Los dos términos no son equivalentes. La soberanía nacional significa que el dueño (soberano) del país es la nación, entendiéndose por nación sólo el conjunto de los individuos con derecho a voto (tienen derecho a voto los que tiene ingresos elevados) normalmente la burguesía.


Soberanía popular es un término que aparece después y en él el soberano es el conjunto del pueblo, con  independencia de sus propiedades, todos los hombres tienen derecho a voto, las mujeres lo conseguirán en el siglo XX.

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